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La enfermedad del poder

Publicado: 2013-03-10

De lo que va de esta década, la muerte de Muammar el Gaddafi es el acontecimiento noticioso que más me ha impactado. No por sanguinario o espectacular, simplemente porque mostró de manera descarnada y extremadamente realista, a un hombre que prefiere morir antes que dejar el poder.

Y no hablamos de una muerte cualquiera. Al creador del bunga bunga lo encontraron en un desagüe cercano a su ciudad natal, Sirtre. Luego de ser arrastrado, golpeado, se dice que violado con un palo y(o) con algún objeto punzo cortante, fue subido a una camioneta y mostrado como un trofeo de guerra en medio de un enjambre de teléfonos celulares y armas de fuego. Ensangrentado y con gesto ausente, el auto proclamado rey de reyes africanos, balbuceaba suplicas de clemencia que no le sirvieron de nada.

Por excéntrico que parezca, el de Gaddafi no es un caso aislado. El poder es una enfermedad y la mayor parte de los políticos la padecen. Para proteger a nuestros líderes de tentaciones febriles, la democracia limita el mandato presidencial a períodos cortos. En gran parte de los casos en que tales limitaciones han sido poco claras o inexistentes, los poderosos han intentado mantener sus privilegios sin importar el precio a pagar.

No hay más que estudiar la historia para confirmarlo. Napoleón, Hitler, Mussolini, Sadam Husein o Stalin, quien poco antes de morir mandó torturar a su médico personal después de que éste le recomendara reposo, son sólo algunos ejemplos emblemáticos, pero hay muchísimos más.

En este sentido, el caso de Hugo Chávez no difiere de los antes citados, porque aquello que se nos pretende retratar como una lucha heroica contra el cáncer, no ha sido más que un desesperado y patético intento por retener el control del gobierno de Venezuela aun a costa de la propia vida.

Fue Maduro quien afirmó que Chávez tenía cáncer "porque trabajó sin descanso por el pueblo". Sin conocer los detalles del mal que se ha llevado la vida del presidente venezolano, creo que a su heredero no le falta razón salvo que yo cambiaría su frase y donde dice pueblo diría poder.

¿Lo responsable no hubiese sido descansar? No puedo creer que ningún médico o asesor no haya recomendado una retirada estratégica. Lo recomiendan ante un simple catarro, imagino, sin ser un experto, que luego de una quimioterapia lo mejor es alejarse del estrés. Sea como fuere, Chávez siguió en el epicentro de la vida política de su país, e incluso, se dio el lujo de ganar por amplio margen las últimas elecciones presidenciales.

Un amigo libanés me decía, comentando el caso de Siria cuyo presidente, Bashar Al-Assad, sufre claramente la misma enfermedad (la del poder), que un político que ha estado en la cima durante más tiempo del recomendado, no puede renunciar porque sería como amputarse un brazo.

La última campaña chavista explicaba tal mimetismo de forma muy didáctica con un lema que rezaba así: “Chávez ya no soy yo, Chávez es un pueblo”. A mi modo de ver, la confusión conceptual entre los términos pueblo y poder, es sintomatica de una enfermedad que deberíamos conocer mejor y permitir menos. Para nuestro bien y para el de nuestros políticos.


Escrito por

arritmia

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