no tenemos planeta B

Luz del presente

Publicado: 2011-02-28

Las revoluciones árabes, el goteo de cables y de sangre, la campaña electoral peruana, la probable extradición de Julian Assange, el paraguas de Gadafi, Obama, la crisis política belga, la justicia femenina en Italia, el descaro de la corrupción española y una infinidad de cosas más, son las lucecitas informativas que alumbran el presente. Sus destellos se encienden y se apagan dando forma a la actualidad.

Según el documental Comprar, tirar, comprar, de la alemana Cosima Dannoritzer, la obsolescencia programada consiste en fabricar productos diseñados para fallar en un plazo predeterminado. El reportaje propone, entre otros, un ejemplo muy ilustrativo: Se trata de una lámpara, foco o bombilla, que en junio cumplirá 110 años de iluminación ininterrumpida. El artilugio se encuentra en la estación de bomberos de Livermore (California). Actualmente, el tiempo de vida de un foco común y corriente, se cuenta en meses.

La información también se vuelve obsoleta. Cada día los temas se atropellan entre sí, los cables urgentes preceden, durante minutos o segundos, a otros más impactantes y así, mientras desfilan los muertos, las bombas caen y las crisis desaparecen como por arte de magia, contemplamos sin pestañear, el tintineo frenético de los acontecimientos. Hoy, la historia se escribe y se comparte en tiempo real y, valga la redundancia, eso ha cambiando nuestra percepción de la realidad.

La obsolescencia programada es una de las bases del sistema que nos rige, pero este fue concebido en una época en que suponíamos, no había límite de recursos. Ahora sabemos que si seguimos como vamos, tendremos, tarde o temprano, que enfrentarnos a una catástrofe ecológica de dimensiones imprevisibles. De igual manera, cabe suponer que el consumismo informativo tendrá algún tipo de impacto en la sociedad humana. Puede ser, por ejemplo, que un presente demasiado fugaz y radiante limite nuestra capacidad de prever el futuro.


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arritmia

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