no tenemos planeta B

A pesar del escenario

Publicado: 2010-11-05

A pesar del escenario, me sentía optimista. El cielo gris de Bruselas acariciaba la place Jourdan con un viento tajante (propio de una novela negra) y cientos de hojas muertas me atacaban en ráfagas dispersas. Imaginé que estaba en un campo de batalla y que los árboles eran ametralladoras. Respiré suavemente y el aire húmedo se estrelló contra mis pulmones.

Recorrí la plaza sin saber qué hacer. Tenía hambre pero el puesto de papas fritas que tanto me habían recomendado, estaba decorado por dos largas e inmóviles filas. “Yo sólo hago cola en el banco y en el baño”, me dije y entré a un café.

Por fuera el lugar parecía agradable y hasta romántico. Tenía una terraza (desierta) que hacía esquina entre la plaza y un pequeño boulevard lleno de panaderías. Dos macetas con geranios colgaban a los lados de la puerta. Dentro, el espectáculo era distinto. Había cuatro clientes: un borrachín patibulario recostado sobre la barra, un hombre que de espaldas me recordó a Pablo Neruda y dos paquistaníes o indios (no sé diferenciar) que hablaban sin parar y se reían a carcajadas.

La propietaria de aquel antro compartía con su clientela el hábito de fumar. Su lengua materna era el portugués y tenía una mirada grande y almendrada. El borrachín le susurraba frases a las que ella contestaba con gestos o monosílabos.

Me senté junto a la puerta porque la nube de nicotina era infranqueable y pedí un café. A pesar del escenario, me sentía optimista. Hasta que el borrachín patibulario dijo: “No debe ser fácil ser madre soltera”. Levanté la mirada, los indios/paquistaníes callaron, el doble de espalda de Neruda giró ligeramente la cabeza y las pupilas voluminosas de la propietaria viraron de marrón cálido a plomo tormentoso.

El borrachín balanceó las manos, sonrió pesadamente, finiquitó la cerveza, se puso el cigarrillo en la boca, y se fue sin decir nada más. Lo observé salir dando tumbos y tomé algunas decisiones. Me levanté, me acerqué a la mesa de los indios/paquistaníes y les pedí un cigarrillo. Volví a mi mesa y abrí la última página de l’étranger. Apunté: 1.Volver a fumar, 2.Escribir arritmias.

La propietaria exhalaba melancólicamente y fuera empezaba a llover.


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arritmia

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